Marcos Llorente, a consolidarse en el Atlético

Marcos Llorente Moreno, Madrid, 1995. El penúltimo exponente de la “ligeramente maltratada”, cantera madridista. En su casa siempre se ha respirado fútbol, cabe recordar que su padre Paco, su tío Julio, su abuelo Grosso o su tío abuelo Gento fueron futbolistas destacados en la historia balompédica de nuestro país. Con una estrecha relación con el Real Madrid por bandera, entró en la ciudad Deportiva siendo un niño de apenas 11 años y, tras 14 años, con paréntesis de una temporada en Vitoria, sale de la que considera su casa con la sensación de no haber tenido las oportunidades necesarias para mostrar su fútbol, cosa que sí hizo en el Alavés.

Parecía cantado que el binomio Llorente – Zidane no iba a casar bien. De hecho, el año que el técnico francés desarrolló su primera temporada entera como primer técnico madridista, lo mandó cedido al conjunto de Mendizorroza. En Vitoria aprovechó las oportunidades y creció de una forma notable de la mano de Pellegrino, convirtiéndose en pieza fundamental en el centro del campo alavesista y llegando a disputar la final de Copa del Rey en el Calderón frente al Barcelona.

Su buen hacer en el Alavés le valió para volver al Real Madrid, pero el técnico blanco seguía con su idea de no contar con el medio centro madrileño. Así, su primera temporada como jugador del primer equipo madridista de pleno derecho fue poco más o menos que un año en blanco. Tras terminar la temporada y con un balance positivo de una Champions League, Zidane anuncia su salida del cuadro del Bernabéu y la llegada relámpago de Julen Lopetegui supone una ventana abierta en su anhelo de contar con minutos de calidad. En un curso muy deficiente en cuanto a resultados, tras la destitución del entrenador donostiarra llega su mejor etapa de la mano de Santiago Solari, convirtiéndole en titular por delante de Casemiro.

Fue ganando terreno con buenas actuaciones, con gol incluído en la final del mundial de clubes. Había recuperado la sonrisa y empezaba a despegar. Pero, desafortunadamente para él, hubo dos acontecimientos que volvieron a ser un contratiempo en su evolución. En primer lugar, una lesión muscular le iba a tener casi dos meses en el dique seco y, posteriormente, la traumática eliminación madridista en Champions de la mano del Ajax desencadenó el cese de su gran valedor, Santiago Solari, y la vuelta de Zidane al banquillo del Bernabéu. Sus sueños de triunfar de blanco se desvanecían. Con los primeros calores del verano y las cosas claras entre jugador y técnico, Marcos asimila que su etapa en el Madrid ha concluido y se convierte en uno de los primeros refuerzos en la reconstrucción del nuevo Atlético de Madrid.

Llorente es, sin duda, un jugador del corte de Diego Simeone. Medio centro defensivo con una capacidad de trabajo notable que abarca mucho campo, sobre todo a la hora del repliegue y la presión. Dicen sus detractores que es mejor futbolista sin balón que con él, pero lo que está claro es que estamos ante un jugador de naturaleza obrera. Se le presenta la oportunidad de su vida: equipo de élite en la ciudad que le vio nacer, en el club donde jugó su padre y donde hará gala de su despliegue físico durante la temporada probablemente como un fijo en el once, más ahora que Rodri ha confirmado su marcha de la escuadra rojiblanca.

Fotos: atleticodemadrid.com

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