Cifuentes, un cimiento firme del Cádiz

Alberto Cifuentes (Albacete, 29-05-79) es el portero titular del Cádiz, uno de los equipos mejor colocados para pelear por el ascenso a Primera esta temporada. Pendientes del partidazo de mañana contra la SD Huesca, los andaluces pueden igualar en lo alto de la tabla con los oscenses y el Rayo Vallecano.

Los equipos que rinden a medio y largo plazo suelen sustentarse en un bloque bajo sólido y el Cádiz es, con diferencia, el conjunto menos goleado de la Segunda División, con sólo 18 goles en 31 partidos. Bajo los palos, Cifuentes ha aportado mucho para alcanzar estas cifras. De hecho, es el actual líder del trofeo Zamora de la categoría de plata con un coeficiente de 0’58 goles por partido, bastante por encima de Sergio Herrera del CA Osasuna (0’81) y Mariño del Sporting de Gijón (0’87).

Repasemos la carrera del portero. Tras debutar en Segunda con el Albacete marchó al Dos Hermanas y, pese a ser fichado para el filial del Mallorca, no llegó a jugar con el primer equipo en la máxima categoría del fútbol nacional. Su carrera se ha desarrollado alternando entre Segunda B (Dos Hermanas, Mallorca B, Rayo Vallecano, Murcia, La Hoya Lorca) y la Segunda División (Albacete, Ciudad de Murcia, Salamanca, Murcia). Llegó al Cádiz en la temporada 2015/16, ascendiendo desde Segunda B a Segunda División en lo que ha sido una gran progresión del club gaditano, que puede subir dos categorías en tres años si se consuma la trayectoria del presente curso.

Cifuentes es un portero que domina bajo los palos, con una gran colocación y una tremanda. No en vano, muchas de sus mejores paradas las ha hecho en un habitual punto débil de sus colegas: en remates y disparos rasos. No se complica la vida, despejando para no dar segundas opciones a los rivales y transmite mucha seguridad a la defensa. Incluso lo hemos visto rechazar balones con los pies cuando ha sido menester. También ha parado algún penalti de mérito haciendo sus características estiradas con desvío a una mano y no se arruga en los mano a mano cuando se escapa algún delantero rival.

Con 38 años está en plena madurez para un guardameta y, quizá, su buen hacer se vea recompensado con participar en Primera División como colofón a una carrera dilatada y trabajada en muchos de los campos del fútbol profesional de nuestro país.

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