El Barcelona gana la Copa holgadamente con presión alta y letalidad en el área ante un Sevilla que no supo atacar (0-5)

Sevilla: D. Soria; Navas-Mercado-Lenglet-Escudero; Sarabia-N’Zonzi-Banega-Correa; Vázquez-Muriel.

Barcelona: Cillessen; S. Roberto-Piqué-Umtiti-J. Alba; Coutinho- Busquets-Rakitic-Iniesta; Messi-L. Suárez.

  • Las claves
    • El Barcelona marcó en sus primeros acercamientos peligrosos
    • Ninguna oportunidad clara del Sevilla dentro del área. Muriel y Sarabia desaparecidos
    • La contundencia defensiva hispalense decayó rápidamente

La primera gran final de un título de esta temporada se la ha llevado un Barcelona que tiene ya en la mano un doblete en dos competiciones que ha dominado. En un marco espectacular en la capital, el rutilante estadio Metropolitano del Atlético de Madrid, el Barça conquistó su trigésima Copa del Rey.

En una final no es común que los entrenadores arriesguen, salvo por bajas, y en el partido no hubo sorpresas ni en los onces ni en los esquemas ni en las tácticas. Valverde jugó en 4-4-2 con Cillessen titular por ser el portero que ha disputado todo el torneo; cuatro defensores con los zagueros habituales; cuatro en el medio con Coutinho pegado a banda derecha e Iniesta arrancando desde la izquierda; Messi moviéndose con libertad de la divisoria en adelante y L. Suárez de delantero móvil de referencia.

La primera intención del Barça fue sacar al Sevilla del partido en cuanto a posesión y confusión de ideas con el balón, así que se hizo un gran esfuerzo en la presión alta y los ayer locales apenas pudieron hilar jugadas desde la zaga, forzándose muchas pérdidas. Los blaulgranas tenían orden, manteniendo el esquema en labores defensivas y con buenas ocupaciones de las bandas para bloquear salidas a la espalda de los laterales, que subían como de costumbre. Con la holgada posesión del balón, los barcelonistas hicieron bien la transición del bloque bajo al medio con Busquets y Rakitic ofreciéndose. Así superaron la tímida presión sevillista, pudiendo subir a los centrales y tocando con pausa en tres cuartos. Además, la movilidad de Messi dificulta más su marcaje porque cuando conduce en velocidad es difícil pararlo. Así forzó varias amarillas el crack argentino. También L. Suárez complicó la vida a los centrales porque cayó a banda para esperar llegadas de segunda línea y cuando estuvo fijado por los centrales buscó continuamente su espalda.

Sevilla Barcelona 21-04-18 01

Montella recurrió a los que sabemos de sobra que son sus actuales hombres de confianza en un 4-4-1-1 con D. Soria como portero titular desde hace varias semanas; Navas de lateral-extremo en la derecha y Escudero como lateral zurdo; pareja de centrales con Mercado y Lenglet; medular con dos extremos, un mediocentro más de contención (N’Zonzi) y otro más creativo (Banega); Vázquez de enganche y apoyo a los mediocentros; Muriel de delantero centro.

Pronto se vio que el Sevilla lo pasaba mal porque ni podía combinar con cierta calma, ni robaba la pelota al Barcelona para montar contraataques y romper la fluidez rival. De inicio no aparecieron casi los centrocampistas andaluces más que para defender las acciones contrarias delante de la portería, sin capacidad de organizar ataques estáticos. Se jugaba en campo propio y el Sevilla no sabía reconducir la situación, así que las ocasiones llegaron para el rival. De hecho, el primer gol fue consecuencia del planteamiento táctico: presión arriba en balón controlado por Cillessen con los pies, que saca en largo por el acoso a la defensa. El balón pasa del centro del campo y va a la carrera Coutinho porque los centrales están en la divisoria. El espacio a la espalda de la defensa queda para un sprint entre defensores y atacantes porque D. Soria, en vez de tapar ese hueco (lo habitual para no dejar tanto campo libre) corre hacia atrás. El sprint lo gana Coutinho, se mete en el área y pasa a L. Suárez, que marca a placer (0-1, min 14).

La cosa se complicaba mucho porque el Sevilla parecía no sólo falto de ideas, sino también cansado físicamente. Sin embargo, hubo reacción a través de N’Zonzi y Banega, que dieron un paso adelante para tener más el balón y canalizar jugadas. Contaron con la colaboración de Correa, con voluntad para encarar pero poca puntería para finalizar; y del gran Jesús Navas, que empezó a subir la banda con mucha rapidez para meter unos cuantos centros excelentes que no hallaron rematador. Con esto los hispalenses apretaron unos quince minutos en los que dispusieron de saques de esquina y remates, pero sin acierto. A Muriel no se le vio dar problemas a la defensa rival en toda la final.

El Barça no se amilanó y siguió llegando, teniendo Iniesta un disparo desde el carril del ocho que mandó al larguero. Además, J. Alba había avisado con sus típicas cabalgadas hasta que alcanzó la línea de fondo tras pugnar con el defensor, recoger el rechace y servir de tacón para que Messi rematara el segundo (0-2, min 31). Aquí sí que se vio caer la moral del Sevilla, cuya faceta de destrucción descendió enormemente. El Barcelona aprovechó para jugar a un ritmo bajo con poco desgaste y madurando las jugadas hasta tener disparo a portería. También empezaron a fallar las ayudas a la defensa cuando se perdía el balón y Messi sirvió a L. Suárez un balón que el uruguayo atacó a la espalda de Mercado y Lenglet y terminó con chut a la red (0-3, min 40).

Se marcharon los conjuntos a la caseta dejándonos la sensación de que estaba todo decidido, pese a que Montella quiso reaccionar metiendo a Sandro por Correa. El canario apareció tanto en las pocas jugadas elaboradas como de referencia para las contras, pero nada cambió el resultado. El Sevilla era cada vez más débil cuando tenía que correr hacia atrás y en una pérdida de Banega, Messi se asoció con Iniesta en una pared que el manchego terminó en un precioso regate corto a Soria para terminar batiéndolo (0-4, min 52). Después ya no hubo disputa de la final. La última media hora fue un monólogo culé en el que el propio Iniesta y Busquets fueron sustituidos para dosificar esfuerzos y en el que el Barça siguió rondando la portería. El último gol lo materializó Coutinho en un penalti forzado por él mismo en el que el esférico dio en la mano de Lenglet (0-5, min 69).

El Barcelona gana con autoridad su Copa número treinta y está a punto de firmar una temporada sobresaliente en cuanto la liga sea matemáticamente de su propiedad.

El Sevilla tiene un tramo final de curso más que complicado porque en liga deberá pelear por estar en Europa y se lleva el regusto amargo de perder una final.

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