El R. Madrid gana su 13ª Champions en la segunda mitad con orden táctico, oficio defensivo y un golazo (3-1 Liverpool)

R. Madrid: K. Navas; Carvajal-Varane-S. Ramos-Marcelo; Modric-Casemiro-Kroos-Isco; Benzema-C: Ronaldo.

Liverpool: Karius; Alexander Arnold-Lovren-Van Dijk-Robertson; Milner-Henderson-Wijnaldum; Salah-Firmino-Mané.

  • Las claves
    • Infortunios sucesivos destrozaron al Liverpool: lesión de Salah y dos errores clamorosos de Karius
    • Zidane acertó con el cambio de Bale, que marcó dos goles y desahogó el centro del campo
    • Sorprendió el poco protagonismo de Firmino y C. Ronaldo en un partido con cuatro goles

El R. Madrid continúa su tremenda racha de ganar Champions de los últimos cinco años, cuatro lleva, enlazando la mejor trayectoria del fútbol continental reciente y coronando a la plantilla blanca como la más laureada a nivel de clubes europeos desde hace décadas.

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Zinedine Zidane optó por jugar con 4-4-2 con el bloque bajo habitual de portero y defensas, volviendo a línea de cuatro con Modric pegado a la derecha e Isco con algo más de libertad a la izquierda para ser rebasados por los carrileros, y Benzema acompañando a C. Ronaldo arriba. En ataque los interiores de los costados se tiraban hacia el centro, pero la densidad defensiva del Liverpool obligaba a los delanteros a moverse hacia fuera para poder recibir. Marcelo estuvo más comedido de lo habitual, probablemente por el aviso de Klopp en la rueda de prensa y por la trascendencia del encuentro. En faceta defensiva se dejó al rival llegar hasta la divisoria para no ofrecer los espacios que más atacan los ingleses, los centrocampistas corrieron para tapar las bandas y colaborar con los laterales y Casemiro no se despistó ni una vez para hacer coberturas y no se asomó a la frontal contraria.

Jurgen Klopp preparó el partido de manera magistral, logrando que su equipo fuera el dominador de los primeros compases de la finalísima y que la pelota fuera de los Reds, creando oportunidades de disparo en las inmediaciones del área. El entrenador alemán sacó un 4-3-3 con una defensa que no sumaba efectivos al ataque y un centro del campo impecable en posicionamiento y trabajo destructivo. El ataque se dejaba para el tridente con Salah y Mané pisando la cal y Firmino corriendo por el centro. Lo mejor del Liverpool era la organización para recuperar el balón cuando el R. Madrid salía con el portero: presión a los centrales o laterales para forzar un pase incómodo y caer enseguida sobre el receptor de ese pase para contraatacar cerca del área. Wijnaldum fue de los más eficientes para entorpecer la circulación blanca al empezar las jugadas.

Salió el Liverpool más entero, concienciado de la oportunidad de ganar el mayor título europeo y decidido a ello pensando en la última orejona lograda en 2005 y en los treinta y siete años desde el último entorchado ganado en final directa contra el R. Madrid. Los ingleses tocaban en jugadas más largas de lo que les gustan y desviaban el caudal a las alas donde, pese a las ayudas, los extremos pudieron zafarse y centrar al área. De hecho Salah, Firmino y Mané probaron con disparos. Aquí reaccionaron bien los centrales, bloqueando los chuts, y Navas, que paró un disparo fuerte y cruzado de Arnold sin siquiera ceder un rechace. A favor de los madridistas hay que apuntar que esta fase de agobio la encajaron bien, dedicándose a trabajar atrás sin fallar en las zonas comprometidas ni rifar la pelota, salvo algún pelotazo largo para adelantar líneas. Fue crucial la preparación previa del choque porque los centrales blancos, imperiales, cortaron todos los centros altos y, sobre todo, fijaban al delantero que corría por el centro en sprints uno contra uno para no dejarlo recibir mientras los laterales daban espacio a los extremos para ralentizar la ejecución de los centros.

Pasados veinte minutos el R. Madrid trató de rehacerse con el balón, con los mediocentros asociándose con muchos pases poco verticales y la inestimable ayuda de Benzema, que bajó constantemente para dar opciones de pase, se movió por delante de la defensa y varió la dirección de las ofensivas según se posicionara la zaga contraria. El francés firmó un partidazo en Kiev. En campo rival tuvo que esforzarse mucho Isco para recibir el esférico, recurriendo a regates y carreras horizontales como forma de ganar tiempo de madurar las jugadas. También Cristiano se pegó a la zurda para entrar en contacto con el balón y jugó tuvo más peso como extremo que como rematador.

El primer incidente negativo fue la lesión de Salah, que se lastimó el hombro en un choque con S. Ramos y tuvo que retirarse a la media hora. Entró Lallana, que se quedó en la izquierda para que Mané fuera a la derecha y el equipo se reorganizó en 4-4-2. El juego ofensivo inglés se resintió, perdiendo rapidez y creatividad, como no puede ser de otra manera con el genio egipcio fuera del campo. También se retiró Carvajal (min 35) por un problema físico en los isquiotibiales –que esperemos no lo aparte del Mundial-, apareciendo en su lugar Nacho. El sistema merengue no varió aunque Nacho tiene menos velocidad para aparecer en ataque, pero estuvo perfecto en defensa, recibió con temporización perfecta en banda, sacó bien la pelota e y metió centros al área.

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Los madrileños controlaron el último cuarto de la primera mitad, desarrollando ataques largos con muchos efectivos en el centro del campo y sin incorporaciones que dejaran expuestas las espaldas para quitar recursos a las salidas del Liverpool, que bajó un punto el ritmo en este tramo.

La reanudación tuvo una dinámica similar, con mayor posesión blanca que pronto se tradujo en una oportunidad de gol en un balón que Isco remató en el área superando a Karius por alto y rebotando en el larguero (min 48). Parecía que los españoles se habían hecho con el control porque la táctica inglesa no había dado frutos y la experiencia reciente daba hechuras a los madridistas. El primer síntoma de duda del Liverpool lo dio Karius en un primer fallo de concentración en el que sacó en raso con la mano muy cerca de Benzema. El francés metió la bota y alojó el cuero al fondo de las mallas (1-0, min 51). Su equipo recibió el gol con entereza y empató pronto en un saque de esquina. Lovren cabeceó y Mané, desmarcado en un error defensivo, remató con el pie (1-1, min 55). El R. Madrid también aceptó el tanto con mesura y siguió a lo suyo, acostumbrado a pelear estos partidos hasta el último minuto sin perder la esperanza.

Zidane hizo el primer cambio táctico sacando a Isco, demasiado obstruido por la densidad defensiva rival, e introduciendo a Bale. A la postre este hecho fue decisivo porque el galés desahogó el juego del bloque medio participando del toque con Modric e Isco y, a los pocos minutos, hizo el golazo de la final. Marcelo subió por la izquierda y pasó en largo al área. Bale ejecutó uno de sus movimientos más eficaces de final de temporada, llegando desde la izquierda al centro. Allí se elevó en una chilena preciosa que se fue simultáneamente a la escuadra derecha y a la memoria de los goles más bellos en una final (2-1, min 64). El Liverpool notó más este gol, pero siguió acercándose al área gracias a Mané, que incluso lanzó un disparo al palo derecho de Navas desde fuera del área (min 70), y a que Milner se erigió como el mediocentro box to box que se asomaba al área para mover la pelota o buscar opciones de remate. Los sucesivos acercamientos ingleses terminaron en saques de esquina siempre ejecutados en largo buscando el remate directo.

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El R. Madrid decidió fortalecer la zona que más daño estaba haciendo, la medular, desplazando a C. Ronaldo y Bale a las alas para alargar las jugadas hasta que el ataque blanco sumara hombres sin correr riesgos en campo propio. Podía haber pasado cualquier cosa porque ningún equipo tiraba la toalla y Klopp intentó variar el juego ofensivo de los suyos metiendo a Emre Çan por Milner, pero lo que se vio fue el segundo error garrafal de Karius, que se tragó un disparo lejando de Bale, sentenciando la final (3-1, min 83).

Los últimos diez minutos del partido, contando con el descuento, ya no afectaron lo más mínimo al devenir del choque y el Madrid levantó otra Champions que se lleva a sus vitrinas. Con este título salva el R. Madrid con muy buena nota una temporada en la que no se optó a ningún título nacional por la pronta desconexión en la liga y la eliminación contra el Leganés en Copa. De nuevo se abre la puerta de la Supercopa de Europa (contra el Atlético de Madrid) y el Mundialito de clubes.

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