¿Ha dejado de calar el mensaje de Zidane?

Apenas nueve meses después de renunciar como entrenador del Real Madrid, Zidane volvía a hacerse cargo de la nave blanca tras los varapalos sufridos ante el Barcelona por dos veces (en Liga y Copa) y el Ajax en Champions. El entrenador francés volvía para devolver la ilusión a la grada del Bernabéu y el rumbo a un vestuario que, sin Cristiano Ronaldo, dejaba entrever en exceso las carencias tapadas con los goles del luso en años anteriores. La decisión del técnico dejó atónitos a unos y otros, puesto que las razones a las que adujo abandonar Chamartín fueron la falta de energía y la carencia de sustancia en el mensaje que podía transmitir a sus jugadores. La cara B de la cinta narraba que era necesaria una renovación extensa de la plantilla. En esa reforma el francés había depositado toda su confianza, pero el club no estaba dispuesto.

Con un par de meses para terminar la temporada 2018/19, los dos primeros objetivos estaban claros: recuperar viejas sensaciones y diseñar el futuro ilusionante que ansiaba el madridismo. Con las promesas de las incorporaciones de Pogba, Hazard o M´Bappe, sólo el belga acabó firmando con el conjunto de Concha Espina. A todo esto, reseñar que no se dieron dos salidas impuestas por el propio técnico y que trajeron cola durante toda la ventana de mercado estival, las de Bale y James Rodríguez. A pesar de que el colombiano ha vuelto a ser recuperado para la causa, no parece que la felicidad de Zidane sea plena en lo que a composición de la plantilla se refiere. El galés tuvo protagonismo al comienzo del curso, pero nuevas lesiones musculares que lo han apartado de las convocatorias lo han hecho, aparentemente, buscar nuevos horizontes fuera del fútbol español.

Termina la competición oficial y empieza la pretemporada. Mes de julio en Estados Unidos, con toda la ilusión del mundo. Aparece el Atlético de Madrid, físicamente mejor y motivadísimo, y le endosa nada menos que 7 goles, algo impensable. El entrenador, lejos de alarmarse, quitó hierro al asunto. Lo bueno empezaba un mes más tarde. Arranca la competición oficial en liga, asignatura pendiente de las últimas temporadas. El comienzo es bueno, liderato incluido, aunque con mejores resultados que sensaciones. En cambio, la Champions deja en entredicho la fiabilidad de la plantilla para reeditar éxitos del pasado. La clamorosa derrota en París, unido al sonrojante empate en casa frente al Brujas ponen al cuadro blanco al borde del KO europeo, impensable en años anteriores.

¿Qué le ocurre al equipo? A las numerosas bajas por lesión, el evidente envejecimiento de la plantilla y la ausencia de alternativas tácticas desde la banda hay que unir el reincidente y precoz desgaste del entrenador. El francés ha repetido un discurso sobre una falta de intensidad solucionable para explicar los malos resultados de las últimas semanas. Sobre el campo, por el contrario, hemos visto también ausencia de creatividad y monotonía en el juego ofensivo. No han faltado los fallos de contundencia atrás que han hecho a los blancos encajar bastantes goles. Por si fuera poco, Courtois no está del todo consagrado bajo los palos y ya Areola ha sido titular varias veces. Este fin de semana, los blancos desperdiciaron la ocasión de sacarle tres puntos al Barcelona y dos al Atlético de Madrid. El R. Madrid sólo ha ganado 6 partidos de los 11 disputados y, con un arranque tan mediocre, cualquier equipo candidato al título podría tener ya una amplia ventaja.

No sabemos si el técnico se ve capacitado para revertir la situación. Desconocemos si todo pasa por recuperar efectivos, hacer una mejor preparación en el aspecto físico o, incluso, acudir al mercado de invierno. Hay jugadores desaparecidos (Isco, Brahim Díaz, Mariano), otros no brillan (Vinicius, Hazard, Jovic, Modric) y se está dando importancia a algunos jóvenes como medida semi-desesperada (Valverde, Rodrygo). Lo que sí está claro es que el mensaje del francés no cala como antes, ni la plantilla responde como en temporadas anteriores.

Fotos: laliga.com / realmadrid.com

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