Inglaterra hace gala del nuevo fútbol efectivo contra Suecia: ganar haciendo lo mínimo, pero haciéndolo bien (0-2)

Suecia: Olsen; Krafth, Lindelof, Granqvist, Augustinsson; Claesson, Larsson, Ekdal, Forsberg; Berg y Toivonen.

Inglaterra: Pickford; Walker, Stones, Maguire; Trippier, Alli, Henderson, Lingard, Young; Kane, Sterling.

Inglaterra no aportó nada nuevo a su repertorio en este encuentro. Defensivamente solvente, ofensivamente eficaz. El partido contra Suecia no va a pasar, ni mucho menos, a los anales de la historia de los mundiales, más allá de por haber metido a la selección sajona en semifinales 28 años después. De un partido rudo, sólo se puede sacar esta conclusión: el fútbol de la eficiencia se ha puesto de moda.

Las claves:

  • Las pocas ocasiones que fue capaz de conseguir Inglaterra fueron muy bien aprovechadas, demostrando su poderío por alto.
  • Pickford desarmó todas las opciones de revolución de Suecia con tres paradas muy meritorias.
  • Suecia pareció despertar en el 60, con dos goles en contra y apenas dos ocasiones en una hora de partido, y no fue suficiente.

Los aficionados al fútbol no recordarán este partido por mucho tiempo. Inglaterra a defender las contras que nunca llegaron con defensa de cinco, Suecia cerrada esperando las acometidas que no se producían. La primera media hora de partido se podría resumir así. Inglaterra no conseguía conectar con sus mediocampistas, ni tampoco quería. Apenas un par de pases en defensa para forzar a Suecia a salir, y balón arriba para evitar problemas en la salida de balón. Suecia centrada en evitar que Kane recibiera en superioridad y que las incursiones laterales no fueran demasiado profundas y así poder defender viendo el balón volar desde lejos. El único que ofrecía una alternativa era Sterling. El punta inglés se lo cocía, peor no se lo comía. Balón al pie, lo devuelvo, creo espacio y vuelvo a pedirlo. Eso liberó a Kane y le creó varias oportunidades al delantero del City, pero no fue capaz de ver portería en todo el encuentro.

Así las cosas, parecía que la única solución era el balón parado, con dos selecciones muy fuertes en la defensa del balón aéreo. Pero Forsberg saltó junto a un Maguire que saltó con más convicción, remató picado y dejó por delante a una selección que no tenía muy claro cómo había puesto medio pie en semifinales. Sin la necesidad de crear juego para hacer ocasiones, y con la tranquilidad de mirar hacia detrás y ver que la defensa no tenía que intervenir en media parte, Inglaterra encaró el túnel de vestuarios con la certeza de que estaba siendo mejor con bastante poco.

El descanso tampoco hizo que Suecia cambiara en exceso. Eso sí, nada más comenzar la segunda parte intentó copiar a sus rivales británicos. Juego muy directo, balón al área y remate que salvó Pickford en el comienzo de su día de confirmación como portero inglés de futuro. Parecía un nuevo escenario para los ingleses, pero los nórdicos se desinflaron en cuestión de minutos. Inglaterra volvió a mandar sobre el balón, aunque menos que en la primera parte por el mínimo empuje sueco, y a meter balones al área o a Sterling. Con eso y un poco de ayuda de la blanda defensa sueca, se encontró Dele Alli un un balón centrado desde el lateral sin oposición. Gol desde el área pequeña, y casi sin saltar. De nuevo, poco esfuerzo para un  gran resultado.

Era el momento de Inglaterra, de matar el partido para demostrar quién manda en cuartos de final, o dominar el balón con criterio para dejarlo morir con el empaque de un equipo veterano. Ni una cosa ni la otra. Suecia se dedicó a empujar por la urgencia, después de 60 minutos sin comparecer en el campo, y metió el miedo en el cuerpo a los seguidores ingleses. Pero ahí creció, de nuevo, la figura de un Pickford al que la tanda de penaltis ante Colombia le ha venido de lujo. Otro paradón de reflejos abajo, y otro más al final para evitar apuros en los últimos minutos arriba a Guidetti. Seguro que no es el partido soñado por Southgate, pero sin duda ha sido capaz de aprovechar sus oportunidades y meter a su equipo en unas semifinales del Mundial tres décadas después. Inglaterra tiene muy claro el plan, simpleza y confianza. Y de ambas cosas van sobrados.

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