Iniesta cambió el ritmo del Clásico

Andrés Iniesta es uno de nuestros futbolistas favoritos por calidad, carácter y, por qué no decirlo, por haber marcado el gol en la final del Mundial 2010 que nos hizo campeones. Pero es que cada vez que salta al campo, Andrés marca diferencias.

Hoy tuvo que partir desde el banquillo tras cuarenta días de lesión tras el partido contra el Valencia, habiendo demasiado riesgo de ponerlo como titular ante un contrincante que iba a exigir el máximo en lo físico desde el pitido inicial. En el minuto 57, Luis Enrique decidió introducirlo como revulsivo y en el manchego encontró el mejor aliado. El Barça acababa de adelantarse en el marcador en un partido que no dominaba con claridad, con una medular incapaz de hacerse valer en posesión y velocidad de juego y una sensación de incomodidad permanente.

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Iniesta se hizo cargo de todo. Se ofreció, tocó en corto, combinó en toma y daca con Neymar, Busquets y Andre Gomes y realizó conducciones verticales que descolocaron a la zaga rival. En una de esas cabalgadas dejó solo a Neymar, que falló por poco ante K. Navas lo que pudo ser la sentencia. Lo que aporta Iniesta no es sólo un control del balón exquisito y unos pases inigualables, sino la cabeza fría que necesitaba su equipo para cambiar el rumbo del juego, alargar las posesiones y esperar a que el R. Madrid cometiera algún error en su bloque bajo. Así fue como el capitán se hizo protagonista del Clásico.

Todavía queda muchísima temporada por delante y el Barcelona necesitará la mejor versión de Iniesta para aspirar a los títulos. Lo sabe Luis Enrique, lo sabe la afición culé y lo sabemos todos los aficionados al buen balompié. Andrés salta al campo y todo parece más fácil.

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