La esperanza rebrota en el césped del Bernabéu

Al R. Madrid se le estaba complicando tremendamente la temporada. Parecía un momento inoportuno, cuando por fin Zidane había cuajado el equipo. Tras ganarle el derbi al Atlético el 1 de febrero, casi todo empezó a salir mal.  Justo ahora cuando se deciden los títulos. La Real Sociedad los arrolló en el Bernabéu con un 3-4 que los eliminó de la Copa. Fue una sorpresa que dejó fríos a muchos porque parecía haberse alcanzado la velocidad de crucero para encarar la recta final del curso. El equipo respondió en El Sadar ganando 1-4 en un feudo complicadísimo y se achacó el fracaso copero a un despiste puntual. Sin embargo, el Celta se plantó en la capital y sacó un empate (2-2) con bastantes debilidades defensivas por parte madridista. Otro traspiés en puntos y un desgarro en la confianza. Para rematar la dinámica negativa, el Levante venció en casa (1-0), haciendo que los blancos perdieran el primer puesto de la tabla. Era obvio que la escuadra merengue no funcionaba bien, se había menoscabado la fiabilidad. Además, nótese que se recibieron 8 goles en 4 partidos, cifras pésimas en cuanto a solidez en área propia. Los datos eran suficientes para hacer sonar las alarmas.

Para colmo, Hazard recayó de su lesión de tobillo en el Ciudad de Valencia. El belga iba a ser quien culminara el proyecto en los partidos decisivos de Liga y Champions, pero tendrá que ser reintervenido. Adiós a la temporada. Ahora le queda recuperarse bien para el próximo curso y pensar a largo plazo para volver a ser el futbolista que se espera el R. Madrid. Si quiere ser la estrella blanca en el futuro inmediato deberá completar una rehabilitación exhaustiva. Sin prisas y cumpliendo los plazos que garanticen su vuelta al cien por cien. No merece la pena precipitarse y comprometer su integridad física a estas alturas.

Y vino el Manchester City a disputar la Champions. La ida de octavos se presentaba con buenas expectativas por la mejoría blanca y la crisis de los ingleses en la Premier. La afición esperaba un marcador favorable que endulzara las penas ligueras. Pero resultó que el trabajado gol de ventaja lo remontaron los pupilos de Guardiola, que ahora llevan la iniciativa para la vuelta (1-2). En menos de diez minutos se sufrió el cambio absoluto de marcador y la expulsión de Sergio Ramos. A todo el mundo se le quedó cara de desconcierto. Lo peor: no se sabía cómo había ocurrido exactamente. Ochenta minutos serios y acertados se desvanecieron con dos hachazos de Sterling y De Bruyne. Falta de puntería arriba, pérdida de control del ritmo del juego y errores en la zaga condenaron a los merengues.

El proyecto se tambaleaba y, al mirar el calendario…aparecía el Barcelona. Las cosas empezaban a tener un cariz trascendental. Imagínenselo, perder en casa contra los blaulgranas hubiera desatado una crisis franca. Era el todo o nada para el R. Madrid. Ya no hay margen para fallos. Pero en el Clásico los jugadores salieron más que concentrados, dispuestos a intercambiar cuchilladas y lograron la victoria. Querían cambiar las cosas y han dado un puñetazo en la mesa. Prefirieron morir en campo contrario aunque recibieron avisos serios del Barça (los defensas y Courtois respondieron con seguridad) y la suerte y la fe les favorecieron. Donde los culés remataron fuera o chocaron con el portero blanco, el R. Madrid respiró con la insistencia afortunada de Vinícius y el apetito de Mariano. 2-0 contra el Barcelona, liderato y sonrisas.

El panorama se ha aclarado un poco. Si se encadenan dos buenos encuentros contra el Betis y el Éibar, ¿quién no creería en las posibilidades de remontar en Manchester? El entrenador y la plantilla confiarían en lograr la hazaña. Al fin y al cabo, el fútbol tiene mucho de motivación y optimismo (miren la maravillosa trayectoria del Getafe). ¿Acaso Zidane ha perdido la sonrisa?

Fotos: realmadrid.com

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