Partir el Celta en dos unidades dio resultado

El Celta dio ayer otro pasito para alejarse de la zona peligrosa de la tabla al sacarle un empate al Barcelona en Balaídos tras ir en desventaja en dos ocasiones. Óscar García planteó un 5-3-2 con repliegue e inicio de labor defensiva en propio campo, pero fue capaz de sacar provecho a este planteamiento en vez de padecer un bombardeo de ocasiones. El equipo estaba dividido en dos facetas: achicar pases y espacios en defensa y correr e improvisar arriba.

Instintivamente parecería muy conservador esperar atrás a un equipo superior técnicamente y con más posesión, pero resultó eficaz. Un repliegue importante puede crear un dominio posicional insostenible para el defensor, pero esto no ocurrió. El Barcelona no mueve la pelota rápido en el bloque medio y tener cinco defensas hizo que la sorpresa por la banda fuera casi nula. Además, tampoco tuvieron los blaulgranas desborde con extremos. Por eso apenas vimos centros laterales y pocas veces Jordi Alba ganó la espalda a la zaga. Además, contar con Okay como mediocentro defensivo en la línea de tres interrumpió la circulación de pases verticales de Messi, lo que obstruyó el flujo ofensivo visitante. Así, el Celta pasó apuros en arrancadas del argentino, las pocas llegadas rápidas de Ansu Fati y las individualidades en el área de Luis Suárez.

Por otro lado, los equipos que juegan con tantos hombres atrás suelen sacrificar su capacidad de hacer goles al tener que recorrer muchos metros para encontrar al portero. Pero aquí es donde venía la fractura de estilo: los cuatro futbolistas más móviles en campo contrario eran también los más habilidosos. Cierto es que los laterales no generaron tanta superioridad, pero Óscar quería utilizar a Denis Suárez, Brais Méndez, Smolov y Iago Aspas como recursos para hacer gol. Y le salió de maravilla. El delantero ruso fue el más orientado a fijar los centrales y rematar con trayectorias rectilíneas, pero sus compañeros controlaron la salida del balón, condujeron e inventaron. Si había algo de espacio para pensar, se terminaron casi todas las jugadas. Los centrocampistas estuvieron perfectos, exigiendo mucho a la recuperación culé y sabiendo asociarse con criterio. Iago Aspas fue definitivo, dejando numerosos detalles de calidad en los tres cuartos y siendo protagonista en el pase que rompió líneas en el primer tanto celtiña y transformando en gol la falta sobre Rafinha cerca del final.

El tono del juego era de ubicación en campo gallego del Barça con juego corto poco profundo, contrarrestado con acercamientos rápidos y alternando posiciones de los más creativos del Celta. Los visitantes se adelantaron dos veces, pero la sensación de que los locales andaban al acecho era obvia. Incluso, los celestes tuvieron algunas muy claras (el Barcelona también pudo marcar alguno más).  El rival aparentemente más débil demostraba que sabía comprometer al aspirante al título.

Como conclusión, pensamos que Óscar García dispuso con inteligencia a los suyos, dado que la colocación sobre el campo se complementó con la intención concreta de hacer mucho daño. El entrenador mezcló bien la solidez tapando las armas de su rival mientras buscó la ventaja con sus mejores jugadores ofensivos. A la excelente solución local quizá le faltó una respuesta táctica más contundente por parte de Quique Setién.

Fotos: laliga.com / fcbarcelona.es

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