Segunda parte que ya es historia del fútbol, y la Duodécima a las vitrinas del R. Madrid (1-4)

Juventus: Buffon; Barzagli, Bonucci, Chiellini, Alex Sandro; Pjanic, Khedira; Alves, Dybala, Mandzukic; Higuaín.

Real Madrid: Navas; Carvajal, Ramos, Varane, Marcelo; Casemiro, Kroos, Modric; Isco, Benzema, Ronaldo.

  • Las claves
    • El sistema cerrado de la Juventus dio ventaja en la primera parte a los italianos
    • Cambio de actitud del R. Madrid tras el descanso que sentenció la final
    • Capacidad madridista para finalizar sin piedad todas las acciones dentro del área

El Madrid de Zidane ya es historia del fútbol. Decía anoche Asensio que esto acaba de empezar, que no es sino una etapa más en un largo caminar que esperan les siga trayendo éxitos. Doblete,  que llevaban los blancos casi 60 años sin conseguir. Y el primer equipo de la era Champions que repite título. Y le valió para eso soltarse la melena durante 45 minutos en los que destrozó a un rival complicadísimo, digno final de Champions.

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Zidane salió con lo esperado. No quiso forzar la máquina con Bale, que venía de una lesión precisamente por saltarse las fases normales de recuperación. Además, Isco llegaba a la final como uno de los jugadores más determinantes del continente, totalmente integrado en el equipo y cargado de buenas sensaciones. Lo más destacado estuvo, quizás, en las gradas. Pepe, James y Lucas Vázquez no se vistieron de corto, entrando en la lista de descartes para esta final. El gallego ha ido perdiendo fuerza en las alineaciones de Zizou hasta llegar al punto de no ser de la partida, por detrás de Asensio. El colombiano, por su parte, se quedó fuera por la idea de su entrenador de llevar dos defensas al banquillo por lo que pudiera seguir. Con Bale en el banco, había suficiente gol entre los revulsivos. Allegri tampoco se complicó en exceso, más allá de la duda de si saldría con dos o tres centrales. Defensa de cinco, con dos carrileros muy largos, y un mediocampo capaz de abarcar mucho campo. El comienzo del partido fue de dominio para los transalpinos. Durante 15 minutos apenas encontró respiro en el césped del Millennium Stadium. La Juve tenía claro el plan. Balones al lateral para que Alves o Sandro buscaran encarar, especialmente este último que aprovechaba que nadie ayudaba a Carvajal en el uno contra uno. Si no se podía sacar el balón jugado, balón en largo a la carrera de Higuaín o la cabeza de Mandzukic, apretando en la segunda jugada para intentar ganarla y estar preparado para frenar con faltas a los interiores madridistas. Y, cuando la jugada fructificaba, siempre acabarla tras pasar por Pjanic o Dybala.

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Evitar el primer arreón merengue. Y lo consiguieron con creces. El Madrid estaba incómodo y no era capaz de encontrar a ninguno de los encargados de sacar la pelota jugada. A partir del primer cuarto de hora, empezó a carburar el mediocampo madridista, especialmente Toni Kroos, el mejor de los mediocentros blancos en la primera parte. Precisamente en una recuperación del alemán surgió, tras una buena conducción, la primera jugada de peligro madridista. Balón a Carvajal, que se entiende con Cristiano, y el astro portugués mandó el balón a la red de Buffon. Esto es este Madrid. Tras un buen rato de dominio rival, con una única ocasión, ya dominaba en el marcador. El gol apenas cambió el partido. La Juventus seguía cerrando la segunda jugada y metiendo en apuros al Madrid más por intensidad que por juego. Pero eso valió para seguir dentro de la final. Con una jugada sencilla, y defendida de forma blanda por la zaga blanca, Mandzukic marcó el gol de la final. Un remate de chilena que sube y baja justo para entrar en el arco de Navas. Gol del delantero croata, que ya había marcado con el Bayern en una final europea. Pocos cambios en la primera parte, el partido estaba donde quería la Juventus de Turín. Poca producción ofensiva del Madrid, y fases de dominio italiano.

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La segunda parte, en cualquier caso, fue el momento de los jugones. En 45 minutos, Modric e Isco reventaron el partido, con la inestimable ayuda de un Cristiano Ronaldo que está empeñado en grabar con letras de oro su nombre en los altares del fútbol. Hubo dos cambios significativos. Primero, el Madrid renunció al 1-4-3-3 para meter a Isco por la izquierda, y a Modric por la derecha. A la hora de defender, los blancos estaban mejor, recuperaban más y estaban mejor colocados para salir de su campo. En segundo lugar, el Madrid se desmelenó en ataque. Marcelo y Carvajal llegaban, los interiores acababan con un disparo siempre que llegaban al borde del área, e Isco estaba intratable. Desde ahí, solo existió un equipo. Primero, llegó un gol afortunado de Casemiro desde fuera del área que materializó el dominio blanco. Siguió creciendo el Madrid, cuya fuerza mental es digna de estudio. Poco después, Modric llegó hasta la línea para centrar al corazón del área para que Cristiano, una vez más, consiguiera marcar. Un carrusel de cambios después, el partido no cambió. Los jugadores de refresco de Allegri no dieron el resultado esperado. No daban una. En cambio, Marco Asensio sí que aportó algo. Un gol en su primera final de Champions, nada menos. En un año, ha marcado a porteros de la talla de Neuer o Buffon. Incluso marcó en la final de la Supercopa de Europa. Con su gol, el Madrid cerraba una noche mágica en su competición fetiche. Ya van doce, pero seguro que no quieren parar ahí.

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