Termina la primera vuelta y ya se intuye a los ganadores y perdedores de la temporada

Estamos justo a mitad de la temporada, cuando la Liga ha finalizado su primera vuelta y en la Copa empiezan las eliminatorias de cuartos de final con los mejores equipos. Además, en Europa empezarán dentro de un mes los octavos continentales, un horizonte en el que pueden forjarse mitos o hundirse esperanzas.

Vayamos por orden. Y el orden nos lleva primero a lo bueno. Y de lo bueno, lo mejor: el Barcelona. Hay que felicitar a Ernesto Valverde por el grandísimo trabajo que está haciendo como técnico blaulgrana. Se hizo con una plantilla que dudaba de sí misma por las derrotas ante el R. Madrid en la pasada liga y en la Supercopa de España. El club parecía en desventaja por el corto banquillo y por la marcha de una de sus estrellas, Neymar. Pero también a ello se han sobrepuesto los culés. Ver jugar al Barça significa ver un equipo sólido, que es tácticamente muy ordenado y nunca se desarma, que agobia al rival con la presión, que domina la posesión y donde cada uno hace lo mejor que sabe. El Barcelona domina la liga sin derrotas tras 19 encuentros, es el conjunto más goleador con diferencia (52 goles a favor), el segundo equipo menos goleado (9 goles) y saca 9 puntos al segundo clasificado. Además, dentro del gran rendimiento global han destacado individualmente Paulinho por su rápida adaptación y capacidad llegadora; la recuperación de Vermaelen que por fin es el gran central que había sido; L. Suárez ha vuelto a afinar el instinto goleador; y Messi, el mejor jugador del mundo y líder técnico y espiritual del equipo. El Barcelona opta a ganarlo todo y con justo merecimiento.


El Atlético de Madrid es actualmente el segundo en liga y jugará los cuartos de final de Copa. La decepción ha llegado en Champions, donde ha sido fijo de las últimas rondas y ha disputado finales en tiempos recientes, pero este curso no ha sido capaz de superar el grupo. Diego Simeone ha retornado al estilo más aguerrido y de contraataque rápido que tan buenos resultados le dio en sus inicios y el equipo está respondiendo con una gran labor defensiva y sumando de tres en tres. Probablemente la mayor virtud rojiblanca haya vuelto a ser la fortaleza del grupo, aunque se haya reducido en parte el brillo individual. Las incorporaciones invernales de D. Costa y Vitolo son dos buenos motivos para ser optimistas y esperar nuevas variantes en el juego colchonero. Lo que sigue siendo cierto es que el Atleti se sigue contando entre los mejores equipos de España y que aparte de mantener el tipo notablemente en el campeonato doméstico será un rival complicadísimo en los torneos eliminatorios. El hambre y el tesón rojiblancos son ejemplares y han colocado al equipo en cotas muy altas. Nadie se sorprendería de ver la celebración de uno o varios entorchados en el nuevo Metropolitano.


El retorno del Valencia a lo más alto de la tabla ha sido una de las sorpresas más gratas del campeonato. La escuadra que ha montado Marcelino García nos ha hecho olvidar las pésimas campañas  donde los ches vagaban por la liga sin estilo, carentes de alguien que supiera lo que estaba haciendo realmente y con un vestuario cabizbajo. Marcelino ha apuntalado varias zonas claves de la estructura defensiva con un muy buen portero (Neto), dos centrales sobrios (Garay/Paulista) y un  mediocentro defensivo fiable (Kondogbia). También ha dado la llave del juego a los más talentosos, con Parejo y C. Soler desplegando todo su fútbol y abriendo huecos en los rivales a base de visión y toque. Guedes ha sido el fichaje estrella, explosivo y talentoso para romper partidos desde la banda izquierda. Arriba, Rodrigo está aprovechando su potencia física, movilidad y disparo para ganarse un puesto en la sección; y Zaza ha encarnado lo que es volver por la puerta grande: con goles, agresividad y persistencia implacables. Si el equipo sigue por esta senda, un gran papel en Liga y Copa del Rey servirán para dejar cimentado un proyecto a ser continuado y mejorado el año que viene. Una de las metas será volver a Europa, donde los ches nos han brindado grandes noches de fútbol y bellos recuerdos.


Y ahora, nos toca pasar el mal rato de revisar las mayores decepciones del año. Porque tal como están las cosas, no es muy probable que estos clubes reconduzcan la situación.

Valorando pasado reciente, presupuesto y plantilla, no hay duda de que el gran fiasco esta temporada en Liga es el R. Madrid. Es increíble ver cómo un equipo que lo ganó todo hace un año y batió sobradamente a su gran rival en agosto ha caído en la inoperancia ofensiva, la falta de ideas en la medular y la endeblez defensiva. Los blancos se desconectan durante los partidos, carecen de imaginación y no atinan con la portería rival. Zinedine Zidane ha pasado de ser el revitalizador del club a un entrenador al que el equipo se le ha deshecho sin remedio. Pero es que si miramos la plantilla, hay dos hombres de garantía por puesto en cada demarcación. Bueno, menos en la delantera, donde Benzema juega esté como esté, C. Ronaldo tiene el punto de mira desviado y a Mayoral apenas se le dan oportunidades de demostrar lo que vale. Además, el técnico galo no ha aprovechado la profundidad del banquillo para agitar a los suyos, incitarlos a cambiar la dinámica ni buscar soluciones. Ningún futbolista blanco está en su mejor momento porque el decaimiento se ha apoderado de todos y eso es un problema de fondo, no individual. Hacer maniobras radicales en el mercado de invierno tampoco resolverá el asunto. Planificar el final de temporada para aumentar la consistencia del bloque y volver a ser peligrosos en las eliminatorias podría ser la vía del éxito del R. Madrid. Si el año termina en la mediocridad y se entra en pánico, se tardará mucho más en reverdecer laureles.


El colofón de lo que es estar en el pozo lo representa la UD Las Palmas. Con una plantilla modesta, pero dotada de algunas perlas, Quique Setién hizo de los amarillos en la 2016/17  uno de los conjuntos más atractivos y serios del campeonato. Tras la marcha del entrenador, el banquillo ha dado bandazos una y otra vez hasta que ha llegado en Navidad Paco Jémez como solución de emergencia, sin organizar la pretemporada y haciendo retoques sobre la marcha. Y a las primeras de cambio, los grancanarios se llevan un 4-0 del Valencia en Copa y un 6-0 del Girona en Liga, por si había dudas de lo nefasto del rendimiento isleño. Y lo malo no son los resultados, auténticas palizas en el marcador, sino que se siente que los jugadores no saben qué hacer -ni con, ni sin- la pelota. El centro del campo ha desaparecido como lugar de gestación de jugadas, apenas hay capacidad de hacer gol y las flaquezas defensivas son un mal que se ha agudizado con el paso de las semanas. No tiene pinta de que las cosas vayan a cambiar pronto y las cuentas para salir del descenso rara vez les cuadran a los modestos. Las Palmas ya está tocando la Segunda División con la punta de los dedos.

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